19 de Enero

Y lo último que quería comentarles es de un premio que hace unos días gané en un concurso de relato corto en el blog de mi amigo Deigar. El cual consistía en realizar una historia de menos de 4 páginas que llevara una frase que se indicó. Estuvimos esperando los resultados y seré sincera, fue la primer vez que intenté escribir algo así. Le comenté a mis amigas Iza y Belén, que era muy raro en mí relatar historias de ese tipo ya que no era mi estilo. Pero me alegra saber que puedo expandirme, así que el día de hoy quisiera compartir con ustedes mi alegría y el relato que levantó nuevamente mis ilusiones.

Miró mis ojos, tratando de descubrir que pensaba, pero baje la cabeza impidiéndole lograr su
objetivo. Me dolió tanto el tener que admitirlo, saber que ese había sido el final, siempre con la esperanza de que regresaría todo a la normalidad. Pero no, después de ese día, el volver, solo se convirtió en una palabra más que dejó de existir en mi vida. Ese día, fue el último día en que lo vi.
Recordar viejos momentos puede resultar gratificante para unos, quizás emocionante para otros. Pero para una gran mayoría, suele ser doloroso. Todavía no descubro el poder de las memorias, ya que por todos los medios e intentado borrarlas de mi mente. Siendo tan egoísta conmigo misma, que encierro todo aquello que me desagrada, en un rincón perdido de mi cabeza, buscando dejar atrás las cosas que me lastiman y tratando de ver un nuevo rumbo. Existen tantos detalles que nos marcan durante nuestro camino por la vida, que puedo asegurar que muchas de nuestras experiencias han sido llevadas a cabo tomando en cuenta errores o actos pasados, haciéndonos dueños de nuestro presente imaginando que todo saldrá bien porque no nos volveremos a equivocar. Pero sin saberlo, aún aceptándolo tal y como era, sabiendo que quizás no era lo correcto. Aquella noche en la que intentó cubrir la verdad con mentiras, fue la noche en la que descubrí que no todo es color de rosa en la vida, descubrí que todo tiene un final.

El 19 de Enero del 2008 fue un día frío y lluvioso en el que lo primero que hice al iniciar el día, fue encender las noticias y notar que nuevamente mi mundo estaba en guerra, que los países no hacían nada por detenerla y que el mío estaba a punto de tomar una decisión importante. Esa mañana me decidí por sacar a mi perro a caminar, las clases se habían cancelado por unos problemas de los que nunca estuve muy segura. Nuevamente sentía el extraño presentimiento de que esto ya lo había vivido, pero no tenía pruebas para confirmarlo y el día era joven para desperdiciarlo. Lo único que anhelaba esa mañana, era que mis gobernantes negaran su apoyo a la guerra y pudiéramos asegurar un futuro con paz.

Durante ese instante en el que pensaba, escuché una explosión a lo lejos y salí con mi perro para ver lo que había ocurrido, al salir, me percaté de que todo seguí a igual. Quizás una bomba de gas, o el transformador de la esquina. Al final no le di importancia y continué.

Pero no podía quejarme, era un día libre para disfrutar y tenía las ideas perfectas para
hacerlo. Aquel en particular, noté la calle muy tranquila, normalmente los autos, animales y
personas transitaban constantemente por la acera, creando un espacio lleno de ruidos y olores que despertaban los sentidos, pero ese día no. Alcancé a distinguir a unos cuantos, y solo porque realizaban sus obligaciones, como repartir el periódico o vender en el puesto de la esquina. Era muy extraño pero ciertamente estaba en una ciudad en donde todo era calma y seguridad, no podía dudar de ello por lo que lo ignoré.

Nuestro paseo duró cerca de una hora y media, durante la cual me fui percatando de varios
detalles a mi alrededor, el policía que normalmente estaba en la calle de enfrente, ya no se
encontraba ahí, ni la señora que cada mañana barría la banqueta de su cada. Quizás me había levantado con el pie y izquierdo, o algún sentido extra sensorial se había despertado en mí. Pero no podía ignorar esa rara sensación de impotencia y alerta que sonaba en mi mente constantemente, ya no.

Terminé de pasear al perro llegando a toda prisa a mi habitación. Me senté en mi cama y me
quedé quieta un minuto pensando en lo peculiar de esa mañana. "Sparks", mi perro. Yacía
acostado en el piso de enfrente, me miraba seriamente como intentando leer mis pensamientos. Lo vi fijamente a los ojos y me percaté del silencio de mi casa, hasta donde sabía, mis padres todavía no salían a trabajar y mi hermana acostumbraba llegar unas cuantas horas tarde ya programadas en su calendario escolar. Por lo que deduje que estarían en la cocina hablando moderadamente, tan bajo que no los podía escuchar desde mi habitación. Bajé corriendo las escaleras y llegué hasta la cocina, esperando verlos sentados charlando, me tomé con un cuarto desierto y completamente limpio, como si no se hubiera utilizado en días o incluso semanas. Me asomé por la ventana y el auto de mi familia seguía ahí, tal vez estaban en la habitación de mis padres o en la de mi hermana. Así que corrí desesperada para verificar algo que definitivamente estaba fuera de lo normal, encontrar todas las habitaciones de la casa vacías, sin ninguna muestra de vida en ellas me hizo notar que estaba sola, no solo me sentía así, si no que prácticamente no había nadie ni en la misma cuadra que yo. Grité el nombre de mi madre y padre, al igual que el de mi hermana. Pero no obtuve respuesta, solo el mismo silencio sepulcral que invadía la mañana del 12 de Febrero. Salí disparada hacia la baqueta, pero en lugar de estar habitada por el repartidor de

periódicos y el dueño de la tienda, solo el aire que calaba mis huesos y el frío que se colaba por las mangas de mi chaqueta, me confirmaban lo que más temía. Algo raro estaba pasando, el extraño presentimiento volví apoderándose de mí al igual que el escalofrío que recorrió mi espalda en ese instante. Me giré hacia todas las direcciones en busca de alguien que pudiera ayudarme, pero solo me respondía el viento a mi desgarrador llamado de auxilio. Una inmensa soledad me invadió por doquier, y me hizo recordar a mi familia, mi novio, mis amigos e incluso mis sueños, mi propia vida. Era como entrar en una caja de cristal en la que solo me podía escuchar a mi misma y mis pensamientos, en donde nadie figuraba como oyente ni ayudante, solo yo en la inmensidad. Por lo que decidí emprender una búsqueda desesperada por personas u objetos que me llevaran a ellas.

Caminé por lo menos dos horas sin obtener éxito alguno en mi búsqueda, hasta que por fin llegué a una esquina en donde pude divisar la silueta de un hombre alto. Corrí hasta él agitando los brazos en el aire con la respiración entrecortada, la garganta reseca y adolorida por aspirar el frío afilado que me cortaba. El hombre no se movía, no pareció escucharme, solo estaba parado frente a un edificio que parecía ser un apartamento abandonado y en muy malas condiciones. Me acerqué al él y vi que era un oficial, intenté llamar su atención de muchas maneras, pero ninguna funcionó. Era como si estuviera hipnotizado o muy concentrado en algo, pero no apartaba la vista de la parte superior del edificio. Dirigí mi mirada en su dirección y me quedé viendo fijamente el punto que él contemplaba, pero sin encontrarle un fin a esa acción. Estuve cerca de cinco minutos observando hasta que de pronto, un sonido seco y ensordecedor llenó el ambiente de un olor a pólvora y muerte. Cubrí mis oídos y cabeza con mis brazos impidiendo cualquier objeto que pudiese dañarme, pero no cayó nada. Solo la calma que minutos antes había reinado en el lugar. Mi corazón no dejaba de palpitar desbocado y comencé a respirar agitadamente otra vez. Giré mi cabeza hacia el oficial y por muy increíble que parezca, el hombre seguía en la misma posición de minutos antes, sin quitar los ojos de su lugar y en completa calma. Ahí fue cuando me di cuenta de que no era normal lo que estaba ocurriendo, a pesar de haber escuchado ese disparo el policía no pareció molestarte en averiguar que era lo que lo había ocasionado. Quizás fue el hecho de que segundos después de formularme ésta pregunta, un joven salió del apartamento arrastrando lo que parecía ser un cadáver de menos de una hora de muerto. No alcanzaba a ver quien era el autor del crimen, pero mis nervios me traicionaron a la hora de correr mientras el miedo se expandía por todo mi cuerpo, la única reacción que pude llevar a cabo fue dar un paso. Pero justo cuando mi pie se movió una fuerte mano sujetó mi brazo impidiéndome seguir. Volví mi mirada hacia mi captor y noté que era el mismo oficial que pensé que no se percataba de mi presencia. Intenté zafarme de muchas maneras pero ninguna dio resultado, solo el dejarme un dolor muy intenso y la desesperación por escapar. Era frustrante que no dijera palabra, no hacía nada, no me miraba solo me detenía y yo esperaba, algo que no sabía que vendría. La silueta con el cuerpo arrastrando poco a poco se fue acercando, a paso lento y suave, como si tuviera todo el tiempo del mundo y no estuviera parado frente a él un oficial de la policía. La neblina hacía difícil la visión, pero mas complicado fue ver quién era el criminal que caminaba hacia nosotros. Denisse, mi propio novio, el hombre al que amaba, él era el asesino que minutos antes había acabado con la vida de una persona que ahora llevaba a rastras por el suelo. Sentí el color de mi rostro desaparecer y el frío recorrer intensamente cada centímetro de mí. Retrocedí unos pasos, solo los que me fueron posibles hasta que el hombre que estaba a mi lado me detuvo y solo pude quedarme de pie esperando a que llegara, quizás a darme el mismo destino que a su víctima anterior. Sabía que mi rostro estaba algo desfigurado por la impresión y el miedo, pero no creí poder experimentar tanta ansiedad y temor alguna vez en mi vida, hasta este momento. Lo que más me sorprendió, es que el hombre a mi lado no hiciera nada, solo quedarse de pie a mi lado sujetando mi brazo derecho y sin pronunciar palabra alguna.


Conforme pasaban los segundos vi a Denisse acercarse paso a paso hasta nosotros, dejando aún lado el cuerpo sin vida de un hombre. Se acercó hasta donde estábamos y se quedó de pie frente a mí. Era él, vestido como lo hacía de costumbre con jeans, camiseta remangada y una gorra de base ball. Era el hombre que quería, pero que ahora portaba un arma y sangre en las manos. Parecía tranquilo, y su mirada era totalmente inexpresiva, solo sus ojos que me recorrían eran los únicos que parecían tener vida. Y mientras su inspección se llevaba a cabo, el oficial al fin habló, pero solo pronunció una simple frase solo una, que si hubiera sido en otro momento no hubieran tenido sentido. Pero en ese instante, sentí, lo supe y presentí, que eran las palabras que me habían condenado.


"Ella no lo sabe aún".


Esa frase quedaría grabada en mi mente por el resto de mi existencia, la poca que me quedaba. Ya que después de pronunciarlas, Denisse caminó unos cuantos pasos más hacia mí y abrió su boca para hablar una conversación que no logré del todo comprender, pero que me hizo captar lo cruel de la realidad.


-Te diré algo que tal vez no quieras entender pero que es verdad. Es hora de que lo aceptes y
vayas por el camino que corresponde.- pronunció pausadamente. Yo solo intentaba verlo entre la negrura que acababa de apoderarse de nosotros y nos envolvía en un ambiente desconocido e intimidante.


-Hace exactamente una hora moriste después de que una bomba callera en la ciudad y acabara con la mitad de ella. En éste momento tienes la opción de elegir entre seguir adelante con lo que tenga que pasar, o vivir por siempre en el recuerdo, volviendo a pasar cada día de tu existencia en un ciclo sin fin-. Dijo sin apartar la vista de mi rostro.


Todo mi cuerpo se sintió desfallecer ante esa afirmación, tan clara y quitada de sentimiento. Tan cruel y real, quizás todo tenía sentido ahora. Pero no sabía ni como, ni cuando había ocurrido. Solo esa sensación de abandono, soledad, tristeza y frío. En ese instante, gruesas lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, sin control alguno, libremente por mi cuerpo con grandes estremecimientos y un terrible miedo. Pero nada era lo que parecía, era tal vez un sueño, el purgatorio, no lo sabía, solo estaba segura de que podía sentirlo ahora que conocía la verdad, y lo peor de todo era que la creía. Me percaté de mi tortura, los gritos provenientes de mi necesidad de vivir se apoderaron de mí haciéndome gritar y gritar más y más sin medida. Denisse solo seguía parado al igual que el oficial viéndome morir después de mi muerte, aún así se podía sufrir.


-Dime que decides- pidió firmemente mi novio con el arma de fuego todavía en la mano. No
estaba segura de para qué podía servirle matar a alguien que ya estaba muerto, pero no quise saberlo.


Seguí gritando desesperadamente desgarrando mi garganta con cada llamado de auxilio, pero nadie respondió. Los dos hombres que estaban a mi lado se miraron a los ojos y asintieron al mismo tiempo.


-¿Deseas continuar tu camino o seguir viviendo el ciclo por siempre?- preguntó sin moverse.
Entonces mis fuerzas se acabaron, mi lucha cesó y las ganas de continuar también. La indiferencia le hico frente a la rabia que sentía y dejé caer mi cuerpo agotado y entumecido por el frío.


-Quiero seguir viviendo- pronuncié tranquilamente cerrando mis ojos.
Instantes después, los abrí y Denisse me apuntaba con el cañón del arma justo al lado de mi
cabeza.


-Dime cuanto estés lista Jen, porque no volverás para corregir, no habrá una segunda
oportunidad-


Sopesé las palabras en mi mente y decididamente asentí.


-Estoy lista Denisse. Yo también te amo- dije con voz quebrada y un nuevo sonido ensordecedor inundó mis sentidos y nubló mi visión. Solo el frío que minutos antes me invadía, recorrió nuevamente mi cuerpo y confirmó que definitivamente había muerto.


El 19 de Enero del 2008 fue un día frío y lluvioso en el que lo primero que hice al iniciar el día, fue encender las noticias y notar que nuevamente mi mundo estaba en guerra, que los países no hacían nada por detenerla y que el mío estaba a punto de tomar una decisión importante. Esa mañana me decidí por sacar a mi perro a caminar, las clases se habían cancelado por unos problemas de los que nunca estuve muy segura que tuvieron. Nuevamente sentía el extraño presentimiento de que esto ya lo había vivido, pero no tenía pruebas para confirmarlo y el día era joven para desperdiciarlo. Lo único que anhelaba ese día, era que mis gobernantes negaran su apoyo a la guerra y pudiéramos asegurar un futuro con paz. Durante ese instante en el que pensaba, escuché una explosión a lo lejos y salí con mi perro para ver lo que había ocurrido. Solo el frío al salir, me indicó que todo seguía normal y que mi día sería como todos los demás…………


Saludos


María del Carmen

4 comentarios:

AleyAngi dijo...

me ha encantadoo!! se te da genial escribir!
sigue asi!
un abrazo!
Angi♫♪♫♪

marivl dijo...

Definitivamente tienes un enorme talento para escribir Maria del Carmen, que hermosa historia, sigue adelante amiga :) nunca dejes de escribir.

Myriam dijo...

María del Carmen!
Vaya que has mejorado! Bueno, no tengo fundamento para afirmar eso, no he leído muchos trabajos tuyos. Sólo te diré que me hiciste recordar a cuando todavía tenía yo ideas así de locas... aunque en esa época no podía jactarme de tener un estilo pulido como el que has demostrado en este cuento. De verdad que me has sorprendido, no sabía que podías trabajar tan bien con la ficción.

Anónimo dijo...

Estaría bién que participases en este concurso de microrelatos de la radio Cadena Ser en España, piensatelo, son 6.000€ que puedes ganar!
http://www.escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser

estos son los relatos finalistas:

http://www.escueladeescritores.com/relatos-en-cadena-2009

puedes escuchar por internet el programa "hoy por hoy" :
http://www.cadenaser.com/hoy-por-hoy/

Felicidades

;)